Buscando el arcoiris dentro de la tormenta COVID19

Conducir en una carretera desierta en un día nublado y de pronto, dos arcoíris!, el poder de la convicción, la pasión de confiar en lo que vendrá mas allá de la crisis. Ese es el secreto para ver dos arcoíris de manera sorpresiva y por unos segundos. Una llamarada de color en un día gris, una vista colorida de un cielo aburrido. Este es precisamente el sentimiento que se necesita durante COVID19.

Existe una extraña idea de lo que es la responsabilidad individual, como sustituto de la falta de rendición de cuentas de corporaciones y gobiernos que lleva a una doble interpretación: 1) un interés particular en liberarse de responsabilidad y hacer de los individuos agentes del cambio en vez de catalizadores. 2) individuos como herramientas poderosas para realizar un cambio de sistema desde iniciativas provenientes de la sociedad civil y no de las autoridades.

Es precisamente para ambas posiciones que creo firmemente que existe un conflicto de intereses hacia el desarrollo de la responsabilidad individual como agentes del cambio que genera una reacción agresiva para aquellos que buscan mantener un status quo que mejor beneficie a sus intereses.

Por el contrario a lo que se supone realmente necesitamos un cambio de sistema precisamente por una nueva actitud de sus ciudadanos. La reacción pasiva de las victimas confirma que hay miedo a lo nuevo y a la aceptación de un nuevo rol que permita realizar verdaderos cambios con impacto positivo.

Tal vez un nuevo concepto de democracia, pero la esencia de un sistema democrático regido por sus ciudadanos mas que por ejes de poder diversos fuera de la transparencia debida.

La actual demagogia hace de una ciudadanía influyente una utopía negando su propia historia que nos cuenta que los ciudadanos son clave para efectivizar cambios y proveer de garantías dirigidas al bienestar .

Lo que es mucho mas que simples actos de protesta, sino de un enfoque sólido dirigido a resultados y procesos internos que hacen de las protestas un cambio, y de grupos espontáneos verdaderos escudos dirigidas a la transparencia y la rendición de cuentas.

De tanto en tanto necesitamos cambios revolucionarios y seria mucho mejor si lo aceptamos en vez de ser sorprendidos por sorpresa por crisis que están fuera de nuestro control.

Está probado que el cambio climático constituye una amenaza para todos y especialmente para aquellos que han construido su poder precisamente con un impacto negativo en el Medio Ambiente. Desde que la RSC apareció en nuestras vidas estamos exigiendo una manera diferente de hacer negocios dentro del compromiso con la sociedad, jugando un rol de contribuyente mas que beneficiario. Sin embargo, parece ser que todavía estamos esperando por un marco legal “mágico” que se imponga al sector privado sin mayores esfuerzos. Nada mas alejado de la realidad.

Verdaderamente necesitamos un marco sólido, fuerte a nivel nacional con reglas globales de transparencia pero también una poderosa –ta vez institucionalizada- sinergia con los ciudadanos.  

El cambio climático es una de esas crisis que ahora con COVID19 nos recuerda que el mundo debe ser regulado por nuevos estándares en donde los ciudadanos se conviertan en un eje de acción no solo limitare a acompañar iniciativas del sector privado o público. Es de muto interés, tanto para el planeta como por la propia supervivencia de los distintos sectores.

A diferencia del pasado, es casi imposible ver conflicto de intereses  solo impactos negativos diversos.

Ambos son victimas, aunque en términos de acción  -si no es desde un 100% de complementariedad- la ciudadanía es suficientemente poderosa para cambiar el sistema y al final, hacer de la  política y los negocios sectores débiles.

Pese a todos los esfuerzos de los Gobiernos por detener el COVID19, el virus se mueve por si solo sin limitaciones de forma que toda acción se convierte en incierta como el desarrollo mismo del virus.

Sin embargo, vemos que hay una voluntad política gris para hacer que la estrategia gubernamental tenga un foco ideológico. No hay signos que nos indiquen que uno u otro enfoque ideológico es mejor para afrontar la crisis, pero sin lugar a dudas nos lleva a concluir que la verdadera crisis proviene del sistema político. Se ha convertido en una limitación para avanzar. Es precisamente ahora, en este momento histórico de múltiples emergencias que necesitamos realizar una evaluación de los distintos actores/instituciones y ver en la acción individual una herramienta de cambio no simplemente campañas de buena voluntad

Es un “ir hacia atrás” para recobrar la autenticidad de la sociedad civil y su poder transformador y no un constante ejercicio de negociación con Gobiernos sin sentido de pertenencia que no hace del sector público un representante de los intereses de la mayoría. Una verdadera recuperación de la esencia de la Democracia.

El arco iris aparece cuando tus reflejos están abiertos a lo nuevo, no cuando conoces la carretera pero cuando te dejas sorprender por lo nuevo.

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