El incómodo objetivo de la igualdad, la ambiciosa equidad, la IA y la insoportable gestión del sector político. Un nuevo equilibrio?

Recientemente he podido leer de una docente con un cargo directivo en un colegio lo siguiente: “en la clase de PSHE de esta semana, los alumnos han estado explorando cómo el hecho de ser niño o niña no tiene por qué determinar tus intereses, rasgos de personalidad o aficiones”Ahora bien, que un niño o niña demuestre interés por el mismo sexo es sin duda un hecho que debe ser contemplado por el sistema educativo como forma de asegurar la integración, respeto y normalización de dicha conducta. Sin embargo, el ser “niño o niña” SI determina muchos rasgos de personalidad, intereses y aficiones y es precisamente por dicha razón que surge el conflicto interno y la duda en aquellos que sienten de manera diversa. Lo que NO debería determinar son las reacciones, conductas y relaciones con sus pares. La búsqueda de “adoctrinamiento” en torno a el objetivo de cambiar la naturaleza, en vez de integrar a todos en la diversidad, hace que salten las alarmas de los verdaderos objetivos en torno a los principios, que por definición son imprescindibles: la diversidad y la igualdad. Mas aun cuando nace de necesidades del sector político en vez de la gente -solo ver la creciente presencia de líderes políticos en manifestaciones de la sociedad civil -, es aquí donde surge la duda, respecto a los verdaderos intereses detrás de este aparente enfrentamiento de voluntades. No se trata de ser liberal, católico, o conservador, que es solo una forma más de ver el mundo. Así como tampoco ser progresista, agnóstico, o anti-capitalista significa necesariamente representar los intereses e inquietudes de la mayoría, sino de una ideología que para mayor inri es liderada e instrumentada por políticos -con sus respectivos donantes y lobbies detrás-.

Ser hombre o mujer tiene por sí mismos rasgos únicos que determinan comportamientos específicos y que nos hacen diferentes al otro sexo, por ende, con la capacidad de relacionarnos con los otros desde una maravillosa y colorida perspectiva, que históricamente le ha dado al mundo dos visiones completamente distintas, haciendo que hombres y mujeres bailen al son de la misma música, aunque perciban sonidos diferentes. Es precisamente la apreciación de dichas diferencias lo que nos permite generar relaciones en el respeto, y lo que le da sentido a cualquier política dirigida a una mayor protección e inserción de todos en la sociedad. Los distintos géneros son solo parte de la diversidad y exige un abordaje ajustado a las realidades locales de las que estoy convencida no se pueden trazar lineamientos globales sin caer en la falta de equidad. Es precisamente esta última la que hace a la igualdad democrática y dirigida por las partes interesadas, sus culturas, religiones y tradiciones y no ya desde una visión preestablecida de lo “que debe ser”.

 Aun así, apoyo firmemente cualquier idea internacional de promover la paz y la convivencia pacífica, algo, que a la luz de los hechos no se está cumpliendo, pese a vender un discurso triunfalista en extremo, que a la postre resulta oportunista ya que solo lleva a la confrontación. No está funcionado, por lo que deben adoptarse otros enfoques ajustados a las circunstancias actuales y desde la gente.

Es curioso ver como el “respeto, justicia y libertad”, las “políticas inclusivas” y la “búsqueda de sociedades más justas” se plantea como una actividad novedosa propia de ésta y las próximas décadas, como si la discriminación, abuso o “bullying” no fuese algo que ha estado contemplado -aunque no siempre por escrito- por cualquier centro educativo desde hace décadas y que se buscara a conciencia abordar estos casos y buscar soluciones a medida. Tal como se plantea en la actualidad, parecería que una familia de los años 70 u 80 eran acosadores por excelencia y que respondiesen con agresividad expresa y con respaldo legal ante personas que manifestaran interés por el mismo sexo, cuando la realidad es que las llamadas “buenas costumbres” y “buena familia” se basaban precisamente en el respeto, convivencia y tolerancia, aunque con creencias culturales propias de esa época y que eran pacíficamente aceptadas de alguna manera u otra. Sin duda, sin el contralor y monitoreo actual, -bienvenido sea si sirve para generar mayor integración y bienestar- pero haciendo de los modales y los comportamientos pacíficos su eje fundamental y no un bombardeo agresivo bajo la pretendida “defensa de”. Si es relevante destacarlo es porque podemos aprender del pasado y adaptarlo al presente, sin caer en la “trampa” de que se construyen nuevos estándares que, en realidad, no son tales y no cumplen con el objetivo de crear armonía y mejor convivencia.

La moral no se ha creado con las políticas de igualdad, aunque sí los protocolos de acción y un nivel más elevado de conciencia en torno a los atropellos que se pueden cometer con comentarios, actitudes o simplemente por la falta de sensibilización respecto a como lo recibe el otro. Una evolución muy positiva, sin embargo, llevada a la histeria provoca un efecto contrario: el rechazo al tono autoritario y moralista que conlleva; lo estamos viendo, la creciente agresividad en torno a una acción fuerte, pero que no consigue una conciencia más ligera que lleve a una natural transición hacia una sociedad garantista.

No, no se está inventando una “nueva moral” porque ya existía de antemano en todos aquellos que sustentan valores en el seno de sus familias, comunidades y/o creencias religiosas.

Mujeres y hombres son iguales -o deberían serlo- en derechos y oportunidades, no necesariamente en preferencias o rasgos de personalidad o intereses. El sexo sí determina intereses y carácter, pero no por ello debe ser obstáculo para ser libre, de lo que sí deberíamos enfocarnos es en el respeto a la diversidad y a la creación de ordenamientos jurídicos sólidos que respalden medidas justas para preservar dichas diferencias y particularidades. NO, para perdernos en una neblina donde se aplasta al individuo con la pretendida ambición de dar lugar a otros géneros y promocionarlos cual productos de marketing que se ponen de moda.

No es un tema de igualdad, sino de equidad, no es un tema de género, sino exclusivamente de la mujer, en el cual la diversidad – que es otro tema- cuenta…y mucho pero es un capítulo aparte.

La protección a la mujer exige de medidas muy específicas dirigidas a sus necesidades particulares y no basta con que se equiparen a las de los hombres. (la igualdad salarial es un elemento muy importante para resolver, sin embargo, también debe ser ajustado a dichas necesidades)

Por ejemplo, las medidas de seguridad dirigidas a la violencia en personas trans, gays, etc. exigen de un despliegue de acciones especializadas y que no deberían ser parte de un “paquete de medidas” sino de una atención particular para ser de verdad, efectiva y sostenible en el largo plazo. Un verdadero despliegue de medidas ajustadas a sus vulnerabilidades y que no pueden ser equiparadas solo en términos de igualdad.

Los datos arrojan luz en este sentido: según el GEM (Gender Entrepeneurship Monitor) un 2/3 de la inversión formal va dirigido a los hombres. Un 47% de las mujeres en comparación con los hombres cierra sus negocios por motivos personales o familiares (cuidados, responsabilidades del hogar). Dejando claro que las mujeres priorizan otros intereses y que el sistema no está preparado para ello. Nuevamente la equidad gana sobre una pretendida igualdad que no responde al interés real -aunque sí político- de las mujeres.

 Una de las razones profundas para fomentar un debate en torno a la “diversidad de géneros” es para alcanzar el ambicioso -y yo diría extraño- objetivo de que los robots obtengan la categoría de “humano” con un documento de identidad válido!.

En efecto., en 2016 con la presentación oficial del robot Sophia* y posterior concesión de su ciudadanía en el 2017 por Arabia Saudí, vimos como la llamada “igualdad de género” puede llegar a ser mucho más que la búsqueda del equilibrio de sexos o el romántico ejercicio de “abrazar” la diversidad en todas sus dimensiones, para pasar a ser una alarma real. Sin duda una verdadera línea roja que no deberíamos cruzar, que busca igualar a robots y humanos, no ya para asistirnos, sino para -en muchos casos- manipular a la población y tener “seres” que reciben órdenes desde uno u otro interés. Dejando a la población en una situación de inferioridad frente a una verdadera sustitución humana controlada por unos pocos.

¿Es este un nuevo concepto de género? Un humanoide o robotoide que cuenta con mayores capacidades para almacenar información y responder mediante algoritmos de IA que cualquier humano medio. Con qué propósito? Quién lo dirige? Con qué objetivos? Al día de hoy no podemos responder a estas sencillas preguntas que deberían ser básicas en una democracia que está apostando a ser global en términos de monitoreo, y contralor de la moral de sus ciudadanos.

Pero veamos quien es “Sophia”….. Sophia cuenta con 60 expresiones faciales diferentes y piel hecha por un material llamado “flubber” para obtener expresiones faciales realistas. Sin embargo, si la idea es la búsqueda de facilitar el trabajo y mejorar la vida de sus ciudadanos, está claro, que con un simple monitor bastaría. La semejanza a un humano, la intencionalidad en hacerlo igual en derechos, con la concesión legal de la ciudadanía -que, aunque sin efecto legal al día de hoy-, es una agenda que está sobre la mesa de manera muy determinada.

Necesitamos de relaciones de tipo “ciencia ficción”? Necesitamos del género “robotoide”? Es ahí, donde vemos la pretendida agenda “visionaria sin visión” de un grupo de poder, que se beneficia directamente del mancillado principio de la igualdad de género. Al punto, que ya la frontera no solo no es mujeres y hombres, sino toda una nueva dimensión en diversidad e inclusividad y al que ahora sumamos el futuro emergente de un nuevo género: el humanoide.

Nada tiene que ver con la original idea del ODS 5 el cual, en su larga lista de metas, encontramos el de “impulsar el uso tecnológico para empoderar a las mujeres”. Ante la luz de estos “avances” tecnológicos se transforma en naif y casi irónico. Es “empoderar” el objetivo principal? Ya que la idea de que robots sustituyan a mujeres en el ámbito laboral supone un impacto negativo para su inserción. De hecho ya contamos con datos al respecto según la Organización Internacional del Trabajo *:

“Estos riesgos están estrechamente vinculados a la segregación ocupacional. Las mujeres se concentran en gran medida en funciones administrativas y de apoyo empresarial, como secretarias, recepcionistas, personal de nómina y asistentes contables, donde muchas tareas son rutinarias y codificables y, por tanto, presentan mayor riesgo de sustitución por la IA generativa”. “A nivel nacional, las mujeres están más expuestas a la IA generativa que los hombres en el 88 % de los países analizados.”. “En los países de ingresos altos en conjunto, el 41 % de los empleos están expuestos a la IA generativa, frente a solo el 11 % en los países de ingresos bajos”

En conclusión, la IA representa mas que un riesgo para la mujer, sino una razón para ser excluidas del mercado laboral. Por lo que se debe abordar la igualdad de géneros contemplando este tipo de efectos devastadores. La diversidad de géneros se torna así incómoda y controvertida, cuando lo vemos a la luz de la igualdad robot-humano.

Es ambicioso pretender una equidad basada en ajustes a medida para cada mujer y contexto social, religioso y cultural, y es terriblemente irónico que una herramienta supuestamente creada como asistente tecnológico se convierta en un género más, y lo es más aún, pretender que todo ello sea gestionado por el sector público en plena crisis de corrupción, intereses viciados, lobbies fuertes y lucha por el poder global a golpe de guerras.

Aun así, la “promoción” y “publicidad” de uno u otro género es el recurso fácil, mediático y aceptado en redes sociales, cuando la realidad es que, para facilitar procesos de convivencia no se necesita popularizar estereotipos sino derribarlos.  Ello solo indica una agenda detrás. Las distintas preferencias, no tienen por qué ser objeto de promoción alguna, los que sí deben ser impulsados y dados a conocer masivamente son los distintos marcos legales y los múltiples protocolos anti-discriminación, anti-bullying, etc. que aseguren la convivencia pacífica y la acción garantista del Estado y la sociedad. Nada más y nada menos que los derechos humanos en esencia, en cuanto a integridad y respeto. El resto es una afrenta panfletaria, una puesta en escena que nada tiene que ver con la búsqueda de sociedades equilibradas.

No por mucho popularizar “géneros” se conseguirá que sean más aceptados, de hecho, la creciente movilización de grupos extremistas demuestra que generan todo lo contrario.


La capacidad de discernimiento, el uso del pensamiento crítico, y la real búsqueda de equilibrio hombres-mujeres -no ya la supremacía de la mujer sobre el hombre o de un género sobre otro-, son los elementos claves y distintivos para hablar de políticas efectivas de sostenibilidad societaria.

La diversidad de géneros no debería ser más que el desafío de crear mayor amplitud en cuanto a valores tradicionales como el respeto y la tolerancia que, en definitiva, aseguran que todos son iguales ante la ley, en derechos y oportunidades.

Hacer que los talentos nos distingan y se premie por ello, plasma de dignidad y ayuda a la evolución de las sociedades y no ya obtenerlo en base a vulnerabilidades. Una igualdad basada en meritocracia, paciencia, empatía, e inversión, es una sociedad llamada al éxito y a la competitividad saludable y no a una eterna cadena de dependencia del Gobierno de turno, su tambaleante ideología y un discurso histérico e incendiario. De hecho, cuando buscamos equilibrio encontramos que está por encima de cualquier elemento ideológico, y el debate se centra exclusivamente en acciones, no en valores.

La cultura creada en torno a este tipo de discursos, fuerza a la confrontación, en vez de la descentralización y uso de la globalización como sistema integrador e inclusivo de las particularidades de lo local, y es precisamente la tiranía de la centralización del discurso , especialmente a nivel mediático lo que lleva a un poder irrestricto y manipulador que lejos de contribuir a la sostenibilidad supone una amenaza real para el objetivo de un nuevo equilibrio basado en equidad, igualdad en el marco legal, asistencia tecnológica y liderazgo ciudadano con respaldo político. Y no igualdad pura y dura sin distinciones, robotoides sustituyendo humanos y la clase política liderando una pretendida nueva moral.

Busquemos superar la incomodidad que representa un modelo “ hecho a medida” para la mujer, una igualdad basada en la ambición de marcos legales garantistas, y una clase política comprometida con ser representantes de los ciudadanos y sus valores y no creadores del debate. Dejemos la iniciativa a quienes son sus protagonistas.

Hacia un verdadero nuevo equilibrio…

https://www.theblifemovement.com/citizen-sophia-the-worlds-first-robot-with-citizenship-and-what-it-means-for-the-future/

https://www.ilo.org/es/resource/noticias/ia-generativa-mayores-riesgos-laborales-para-las-mujeres

https://www.lavanguardia.com/neo/sociedad-neo/20250624/10809501/79-mujeres-son-susceptibles-sustituidas-ia-imprescindible-incorporar-miradas-feministas-reconozcan-valor-trabajo-mas-productividad.html

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