
El feminismo no es uno, ni es el mismo en todas partes, ni tiene el mismo enfoque por más que se insista en que hay un solo ODS 5 “Igualdad de Género” , entre otras cosas porque no existe consenso en si lo que buscamos es llegar a la igualdad o a la equidad, y para ello debemos definirlo con claridad.
A los efectos de este análisis, ahondaremos en las notorias diferencias entre feminismo tradicional y no tradicional, y es precisamente, el primero el que insiste en un único modelo de cambio, asociado con la igualdad. Mientras que el segundo se esmera en encontrar soluciones conciliatorias basadas en el diálogo y el poder de El por Ella y Ella por El, así como adaptar las necesidades de cada actor protagonista en el presente escenario, inestable e inequitativo especialmente en materia laboral. Ilustrado a la perfección por el Foro Económico Mundial en donde igualdad supone una bicicleta exactamente igual para todos, mientras que la equidad es una bicicleta distinta para cada uno, acorde a sus capacidades y talentos*. Es este último concepto con el que nos sentimos más identificados y lo consideramos particularmente efectivo a la hora de abordar los desafíos actuales.
Qué es lo que no consigue el discurso ideológico feminista tradicional? Enfrentar los desafíos reales de al mujer que actualmente a nivel global se podrían reducir a:
- Seguridad
- Acceso a créditos
- Desempleo global (aproximadamente se mantiene en unos 2 puntos entre hombres y mujeres)
- Prejuicios culturales
- Diferencias religiosas
- Respeto a tradiciones
- Advocacy real y no activismo
Todo estos desafíos llevan a un mundo estandarizado, mal concebido como global, un mundo gris donde se busca la homogeneidad, un solo concepto de mujer, de gay, de trans, y no el auténtico respeto a la diversidad, sino la omnipotencia de una regla que vale para todos sin atender matices. “Los fuertes que defienden a los débiles” es el tono de este desempoderante discurso que nos lleva hacia una Agenda centralizada, perdiendo así lo que de verdad es importante: aceptar a todos en su diversidad y no a todos igual. Y ello incluye a las religiones musulmanas con sus fallos -vistos desde un punto de vista occidental – pero también con su identidad. Considero un flagrante error estratégico, así como un atropello, el pretender eliminar tradiciones en aras de un mundo mas “equilibrado”. Es precisamente el discurso ideológico el que pervierte el equilibrio, ya que este último se basa, ni más, ni menos que en la capacidad de integrar libertades individuales. Todas ellas enmarcadas en religiones y tradiciones distintas, subrayando además lo que implica la opción personal que se hace de las mismas. En efecto, no se trata solo de ver una mujer de religión Musulmana que usa un burka por imposición, sino de ver exactamente la motivación detrás de ello y que muchas veces es producto de su absoluta convicción y es pacíficamente aceptado por su entorno, contrariamente a lo que se cree. Ver el Mundo Musulmán desde los ojos de una mujer occidental es simplemente equivocado y peca de intrusivo. Tal como lo expresaba Raina de Jordania * “En Occidente, la gente cree que el velo es un símbolo de opresión. No es verdad, siempre que la mujer lo vista por convicción”. Vemos que no necesariamente la imposición de valores globales es la que lleva a un equilibrio en términos de garantías para la mujer. Al contrario, lo veo como un riesgo en la seguridad de dichos países ya que la pérdida de tradiciones per se, no implica ningún avance concreto cuando no es elegido por sus ciudadanos, muy distintas son las tradiciones tóxicas o aquellas que promueven violencia que son de interés de la sociedad global y las únicas que verdaderamente legitiman el influenciar y/o intervenir desde el exterior.
Al final, termina bloqueándose un proceso global de igualdad de oportunidades centrándose exclusivamente en el embate político de unas sociedades contra otras. Solo un concepto amplio y lo suficientemente tolerante puede abarcar a todos y alcanzar la igualdad de género en términos globales, sin duda, no ya desde la uniformidad sino de esa equidad que permite adaptar a cada sociedad el principio de libertad individual por encima de uno genérico. Es precisamente la uniformidad la que hace que por momentos se torne ambiguo e ineficaz, y sin duda, poco popular en muchos sectores de la sociedad.
Pero analicemos las brechas de género en el mundo y especialmente en Hispanoamérica:
Islandia es el 1ero, España está en el puesto 18, y Japón muy abajo en el 125, aunque sin llegar a los niveles de países como Chad que se sitúa en el 145 .
Sorprende también que a nivel Latinomericano, Nicaragua se sitúe en el puesto 7, México en el 33, o Brasil en el 57. Aunque sí tiene sentido la baja posición de Guatemala en el 117. Desde un punto de vista de los niveles de violencia a la mujer en estos países estos datos resultan cuando menos contradictorios: México cuenta con 827 muertes violentas de mujeres según datos del 2023, (y aun así supone un 13.76% menos que en el 2022) o Brasil con 722 en el mismo año. Nicaragua a su vez se cierra con 73.
Lo que nos lleva a concluir que dicho índex puede resultar poco exacto a la hora de determinar la verdadera brecha desde un punto de vista de la sociedad, especialmente las mujeres. Es en efecto, quienes, bajo un criterio estricto de igualdad siguen las directivas de acción establecidas por el ODS 5, sin embargo, bajo una idea de equidad, puede ser o no satisfactoria. Es evidente, a mi entender que el hecho de que dicho índice se haga desde pautas de igualdad y no equidad, da como resultado que un país como México, pueda estar a tan solo 15 puntos de España. Solo en términos de feminicidios, este último ha tenido 56 en el último año, por lo que debemos analizar en profundidad la propia filosofía que encierra el concepto de “brecha de género” especialmente cuando está desprovisto de elementos de tipo político y sin ningún tipo de agenda ideológica.
Lo llamado “global” es tal si supone integración de todas las culturas y religiones con sus propias particularidades, donde crecen a su ritmo, y acorde a sus necesidades. Lo contrario, la idea de un solo ODS 5 sin matices, y con una línea de progreso única es lo que da lugar a la paradoja de que los países Musulmanes queden fuera, o peor aún, solo cuando se desnudan de sus tradiciones -incluidas aquellas aceptadas pacíficamente por sus mujeres, cuando residen fuera o dentro de sus países- es que pueden entrar en el hemisferio de la “igualdad de género” que dista mucho de la evolución estrictamente centrada en las necesidades y expectativas de sus ciudadanos a nivel nacional.
No creo que las políticas dirigidas a mejorar las condiciones de la mujer en el mundo deban enfocarse en “modernizar” las sociedades sino de convertirlas en más garantistas, evitando así posibles abusos. Las presiones a nivel internacional deben ser basadas en acuerdos que presupongan la riqueza de la diversidad de cada sociedad.
“Beso no consentido” en España como agresión sexual.
Recientemente en oportunidad del triunfo de España en el campeonato mundial de futbol femenino hemos sido testigos del beso “no consentido” dado por el Presidente de la Real Federación Española de Fútbol Rubiales a la Jugadora Jenni Hermoso. El encomillado de “no consentido” no se refiere ya a la falta de confianza en la percepción de la jugadora, sino a la calificación en si misma. Es desde un ángulo estrictamente subjetivo que se ha procedido a determinarlo, no ya desde una regla objetiva. De hecho, la tipificación criminal que se le imputa a Rubiales luego de la denuncia presentada es de “agresión sexual”.
Luego de la Ley del si del si aprobada el día 7 de Octubre de 2022, con la cual se suprime el abuso sexual como delito y se equipara a la agresión.
Ello hace que desde la subjetividad se pueda llegar a determinar que es consentido y que no, algo que para los que venimos del mundo académico jurídico supone un shock, no ya por la re-tipificación de delitos, sino por la falta de pruebas objetivas que garanticen la imparcialidad del Tribunal al dictar sentencia. A ello se suma que dicha reforma supuso un cambio a nivel de penas haciendo que a fecha Septiembre 2023 haya 1200 reducciones de penas y 121 excarcelaciones a condenados por violación.
Sin duda, un cambio cultural radical, sin embargo, sin ningún tipo de garantía a los efectos de que mujeres y hombres tengan una resolución conciliatoria de los conflictos especialmente esos que se refieren a ética, educación, costumbres y gestos y donde la agresión es tipo subjetivo. Todos ellos, aunque se reciban como agresiones, son parte de una percepción subjetiva no necesariamente acogida de manera unánime por la sociedad en su conjunto. Y aquí radica uno de los grandes conflictos a la hora de determinar si nos enfrentamos a un delito o no: que no existe una opinión mayoritaria al respecto, y no todas las mujeres lo consideran un acto criminal sino un hecho inapropiado, desagradable o simplemente fuera de lugar. El gran riesgo de establecer desde la política, y en particular desde el aparato legislativo este tipo de medidas supone estar sometidas a las inclemencias de los cambios Gubernamentales y partidistas, por ende, faltos de consistencia y estabilidad en el largo plazo. Es por ello, que medidas como las relativas a la atención y asistencia a víctimas de violencia física o psicológica son aplaudidos y empujados por todos los partidos, en cambio, estos últimos llevan al debate negativo, la confrontación y la lucha política porque simplemente no es algo pacíficamente compartido por todos. No es percibido como delito.
Ecuación imperfecta: Mejores políticas de igualdad a mayor inversión pública
En España, que pese a situarse en puestos altos a nivel de igualdad de género global, aunque sigue contando con problemas estructurales que no han podido ser resueltos, -incluida la percepción de mayor seguridad por parte de las mujeres- por la inversión creciente. En efecto, la inversión anual se ha disparado en los últimos años, llegando al 2023 a 573 millones de euros. Teniendo en cuenta que en 2018 era de 181 millones.
Sin embargo, las mujeres en España siguen ganando un 20% menos que los hombres pese a que la inversión estatal se ha incrementado en los últimos años en un 217%.
Ahora bien, en qué se invierte? Cuáles son los criterios para invertir en un sentido u el otro?
No existe prueba alguna que las políticas públicas deban ser el recurso absoluto para el progreso en los desafíos de la mujer actual -teniendo como única excepción la violencia a la mujer-. Tener dicha expectativa presupone una centralización de poder innecesario y yo agregaría, peligroso. Que cada Gobierno de turno establezca nuevas medidas elimina la creatividad e iniciativa que viene desde el sector privado y la propia sociedad, con o sin intermediarios. Es aquí donde volvemos a tener contradicciones, ya que la voluntad mayoritaria no se contempla y se toman decisiones políticas que transforman la cultura reinante sin someterse al juicio de la ciudadanía.
La cultura “pro-mujer” no es una sola, aunque así lo parezca, la propia resistencia de las mujeres a determinados enfoques nos lo confirma plenamente. Tampoco me vale la actividad de las organizaciones de la sociedad civil, ya que no necesariamente representan a todas las mujeres de un país, de hecho se caracterizan por el activismo y no el advocacy con un bagaje político-ideológico muy fuerte. El ejercicio de este es la clave para que en el proceso se integre a todos los sectores, a los ciudadanos individuales y lo más importante: la voluntad particular de las mujeres de una sociedad específica, en un momento determinado con sus valores separados de la agenda política.
Única manera posible de crear políticas en el largo plazo, con el continuo raport de sus ciudadanos, mas allá del voto ciudadano.
Desarrollar el ODS 5 a golpe de inversión estatal supone una estrategia insostenible en el mediano plazo, a ello se suma el alto componente político partidario que decide en que se invierte sin ningún tipo de criterio democrático en el sentido que se realiza por el Gobierno de turno sin que la ciudadanía pueda determinar la agenda.
El ejemplo de la evolución que ha tenido España en los últimos 20 años en cuanto al tema de violencia a la mujer, lo prueba claramente: no importa que partido este en el poder, se ha llevado adelante una agenda con total complicidad de partidos y ciudadanos y solo así es que se ha conseguido reducir el número de feminicidios de 917muertes en 2003 a 101 en 2023.
La presente agenda llamada “feminista” apuesta por una igualdad ideológica y cambios radicales y que progresivamente vemos que no garantizan mayor seguridad profesional o personal. Un ejemplo, lo es la distribución de tareas domésticas que ya desde Naciones Unidas están pre-establecidas en un 50-50 cuando la amplia mayoría -en especial en países Hispanoamericanos- confirma que es solo producto de una agenda y no la opción libre de las mujeres, que en muchos casos está condicionada por la desigualdad real: la de oportunidades profesionales y la legislación protectora en materia de conciliación laboral-familiar .
Sin duda, tal como lo ilustramos en el presente artículo, se trata de mantener los colores en sus diferentes dimensiones y no por ello perder en el objetivo de crear justicia y equidad. Es en efecto, la equidad la que asegura apertura de mente, cambios culturales efectivos y por ende, la base de toda pretendida sociedad global: la paz.
